antipathique no nació para caer bien.
Nació entre desorden, barro y risas.
De la mezcla entre hacerlo bonito y no perder lo salvaje.

Nos van los contrastes: lo clásico y lo rebelde, el carácter y el desenfado, el campo y la ciudad.
Un día con la camisa impecable, y al siguiente con las mangas mojadas y las botas manchadas hasta las rodillas.
Nos inspira lo de toda la vida, lo normal.
Lo que no necesita adornos ni tiene pretensión.
Lo que no se fuerza, lo que no busca gustar.
Cada prenda está hecha en España, con cariño, con coherencia,
y con la intención de acompañar vidas vividas.
Las que tropiezan, se despeinan, se mojan hasta los tobillos y siguen bailando.
Porque lo verdaderamente bonito viene después.
antipathique nació sin ruido, casi sin plan.
De una forma de vivir que busca equilibrio entre lo real y lo imperfecto.
Por mis hijos, y por mí.
Por cuidar sin rendirme, por crear sin perderme.
Por equilibrio y exceso, por lo libre y lo real.
Por ternura y por ambición, por caos y por calma.

*Y por él.
Porque hay un tipo de amor que no grita.
No hace discursos. No escribe cartas.
Solo está. Y en su estar, te salva.